BLOG I IKER

 La tentación es algo que está siempre ahí, aunque no nos demos cuenta. A veces es pequeña, como mirar el móvil cuando debería estar estudiando, y otras veces es algo más grande, como mentir para evitar un castigo o quedar mejor delante de alguien. Yo creo que sí, que todos somos un poco débiles ante alguna tentación. Decir que no sería mentir.


Una tentación muy confesable que me ha podido muchas veces es dejar todo para el último momento. Sé que tengo que hacer un trabajo o estudiar para un examen, pero pienso “bah, todavía queda tiempo”. Y al final acabo agobiado, durmiendo poco y prometiéndome que la próxima vez lo haré mejor… aunque muchas veces vuelva a caer. Después me arrepiento, pero más por el estrés que paso que por otra cosa.


Creo que es mucho más difícil resistir una tentación cuando nadie nos está mirando. Cuando hay alguien delante, como tus padres o un profesor, te cortas más. Pero cuando estás solo en tu habitación, nadie sabe lo que haces. Ahí depende solo de ti. Y eso es lo complicado, porque es más fácil engañarte a ti mismo que a los demás. Puedes pensar “no pasa nada” aunque en el fondo sabes que sí pasa.


También pienso que la edad influye mucho. Cuando eres adolescente, las tentaciones tienen que ver con encajar, con que te acepten, con hacer lo que hace el grupo aunque no estés muy convencido. A lo mejor de mayor las tentaciones son otras, como el dinero o el trabajo. Pero siempre hay algo que te pone a prueba.


¿Resistir una tentación nos hace mejores personas? Yo creo que sí, pero no porque seamos perfectos, sino porque demuestra que podemos controlarnos. No siempre lo conseguimos, y eso también es normal. Al final, equivocarse forma parte de aprender. Lo importante es darse cuenta, intentar mejorar y no castigarse demasiado por haber fallado.


Ser adolescente es un poco eso: estar todo el rato decidiendo quién quieres ser. Y las tentaciones, aunque molesten, también te ayudan a descubrirlo. La tentación es algo que está siempre ahí, aunque no nos demos cuenta. A veces es pequeña, como mirar el móvil cuando debería estar estudiando, y otras veces es algo más grande, como mentir para evitar un castigo o quedar mejor delante de alguien. Yo creo que sí, que todos somos un poco débiles ante alguna tentación. Decir que no sería mentir.


Una tentación muy confesable que me ha podido muchas veces es dejar todo para el último momento. Sé que tengo que hacer un trabajo o estudiar para un examen, pero pienso “bah, todavía queda tiempo”. Y al final acabo agobiado, durmiendo poco y prometiéndome que la próxima vez lo haré mejor… aunque muchas veces vuelva a caer. Después me arrepiento, pero más por el estrés que paso que por otra cosa.


Creo que es mucho más difícil resistir una tentación cuando nadie nos está mirando. Cuando hay alguien delante, como tus padres o un profesor, te cortas más. Pero cuando estás solo en tu habitación, nadie sabe lo que haces. Ahí depende solo de ti. Y eso es lo complicado, porque es más fácil engañarte a ti mismo que a los demás. Puedes pensar “no pasa nada” aunque en el fondo sabes que sí pasa.


También pienso que la edad influye mucho. Cuando eres adolescente, las tentaciones tienen que ver con encajar, con que te acepten, con hacer lo que hace el grupo aunque no estés muy convencido. A lo mejor de mayor las tentaciones son otras, como el dinero o el trabajo. Pero siempre hay algo que te pone a prueba.


¿Resistir una tentación nos hace mejores personas? Yo creo que sí, pero no porque seamos perfectos, sino porque demuestra que podemos controlarnos. No siempre lo conseguimos, y eso también es normal. Al final, equivocarse forma parte de aprender. Lo importante es darse cuenta, intentar mejorar y no castigarse demasiado por haber fallado.


Ser adolescente es un poco eso: estar todo el rato decidiendo quién quieres ser. Y las tentaciones, aunque molesten, también te ayudan a descubrirlo.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Blog 1 Markel

Reseña 2/6

blog 6