Nico Blog 4
Elijo la dieta y el ejercicio, sin dudarlo ni un segundo. La pastilla parece la solución perfecta al principio: rápida, sin esfuerzo, resultados en semanas y adiós al problema. Pero luego me doy cuenta de que sería un atajo que choca de frente con todo lo que llevo diciendo en redes desde hace tiempo. Llevo años defendiendo que los cuerpos reales no necesitan trucos ni retoques, que la aceptación viene de dentro y que los cambios de verdad no se compran en una farmacia. Si me trago la pastilla y en dos meses estoy más delgado, cada vez que alguien me pregunte cómo lo hice tendría que admitir “una pastilla mágica”. Sería como predicar contra los filtros y ponerme uno en cada selfie. Me sentiría un fraude, y eso me jodería más que cualquier kilo de más.
La dieta y el gimnasio son duros de narices. Hay que madrugar para entrenar, contar calorías aunque te dé pereza, aguantar el hambre cuando el cuerpo pide comida basura, decir que no a la caña extra con los colegas después del partido, y encima lidiar con días en que no ves resultados y te dan ganas de mandarlo todo a la mierda. Pero precisamente por eso encaja con lo que pienso. Es real, cuesta esfuerzo, a veces fallas y tienes que volver a empezar, pero cuando ves que poco a poco el cuerpo responde te sientes fuerte de verdad. No es un cambio falso que se va cuando dejas la pastilla; es algo que te construyes tú mismo, con sudor y constancia.
Si lo consigo así podré contarlo sin vergüenza ninguna: “Bajé peso por salud, con dieta y ejercicio, sin atajos ni pastillas”. Eso sí sirve de ejemplo a la gente que me lee, sobre todo a los que luchan con lo mismo y se sienten mal por no tener resultados rápidos. La pastilla sería un truco cómodo, pero vacío. Es como comprar seguidores o retocar una foto: funciona en el momento, pero sabes que no es tuyo. Prefiero sudar, fallar algún día, volver a intentarlo y al final mirarme al espejo sabiendo que lo hice de forma honesta, sin mentirme ni mentir a los demás.
Al final elijo el camino largo porque no quiero sentirme falso dentro de un año. Prefiero la lucha real, los días buenos y los malos, y poder dormir tranquilo sabiendo que no me vendí por comodidad. La salud es lo primero, pero la coherencia va muy pegada. Si me cuesta más tiempo o no llego al peso perfecto que dice el médico, me da igual; lo importante es que sea un cambio mío, sostenible y sin engaños. La pastilla sería fácil, pero me dejaría con un mal sabor de boca que no compensa. Prefiero la versión dura, la que cuesta, la que al final te hace sentir que de verdad has ganado algo.
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