Lucia (5/6)
Sinceramente, después de darle vueltas, elijo la segunda opción de cabeza. Me quedo con una vida tranquila aunque eso me "condene" a ser una creadora mediocre.
A veces nos venden esa idea romántica de que para ser un genio hay que haber sufrido lo inhumano, como si el trauma fuera el precio obligatorio para tener talento. Pero, si lo piensas con sentido común, ¿de qué te sirve crear una obra maestra que pase a la posteridad si por dentro estás destrozado? No creo que el reconocimiento de unos desconocidos o la fama compensen el haber tenido una infancia difícil o cargar con heridas que no cierran. El arte es importante, claro, pero no vale más que la salud mental o la felicidad de uno mismo.
Prefiero mil veces disfrutar de mi día a día, estar bien con mis seres queridos y tener una vida sin fama. Si eso significa que lo que escriba o componga no va a revolucionar el mundo, me da exactamente igual. Al final, crear debería ser algo que te llene y te haga disfrutar, no un proceso de mal constante para poder sobrevivir a tus propias pesadillas.
En conclusión, la paz mental no tiene precio. Prefiero ser una persona feliz que hace cosas normales, a ser una artista brillante viviendo en un infierno personal. El éxito es algo muy relativo y efímero, pero despertarte cada mañana con tranquilidad es el verdadero triunfo.
Comentarios
Publicar un comentario