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Casi siempre que compramos algo o llamamos por teléfono, nos piden que pongamos una nota del 1 al 10. A veces, el empleado nos trata mal o es antipático, pero sabemos que, si le ponemos una mala nota, su jefe podría despedirlo. Esto nos pone en un lío: ¿decimos la verdad o ayudamos a esa persona? Es un dilema muy común hoy en día.
Si somos sinceros, deberíamos poner una mala valoración. Al final, si el servicio es malo, la empresa tiene que saberlo para corregirlo. Además, no es justo para los trabajadores que sí se esfuerzan y son amables que todos reciban la misma nota. Si ponemos un 10 a alguien que nos ha tratado mal, la encuesta no sirve para nada y el sistema deja de funcionar.
Pero, por otra parte, da mucha pena que alguien pierda su sueldo por una tontería. Todos podemos tener un mal día, estar cansados o tener problemas en casa que nos quitan la sonrisa. Si el trato no fue perfecto, pero tampoco un desastre, mucha gente prefiere mentir un poco y poner una buena nota. Nadie quiere sentirse culpable de que alguien se quede en paro por su culpa.
En conclusión, yo creo que depende de lo que haya pasado. Si el empleado fue solo un poco soso, prefiero no hacerle daño y ponerle una nota normal para que conserve su trabajo. Pero si me falta al respeto de verdad, entonces sí que diría la verdad. Es difícil elegir entre ser honesto y tener corazón, porque sabemos que un simple clic en nuestro móvil puede cambiarle la vida a otra persona.
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