Blog Isaac 5
Tengo la vocación profunda de ser un gran creador: compositor, escritor, alguien capaz de dejar huella a través del arte. Me plantean un dilema brutal: puedo tener una infancia y adolescencia atormentada, llena de hechos traumáticos que me marquen para siempre, pero que alimenten una obra profunda, intensa y memorable… o disfrutar de una infancia plácida, llena de amor y estabilidad, y resignarme a ser siempre un creador mediocre.
Elijo la infancia plácida sin dudarlo.
No quiero pagar el precio de un trauma para “ser grande”. La grandeza artística no justifica sufrir de niño. Prefiero una vida más serena, aunque eso signifique que mis obras nunca alcancen el nivel de los genios atormentados. Creo que se puede crear con honestidad, sensibilidad y talento sin necesidad de haber vivido el infierno. La belleza, la emoción y la profundidad también pueden nacer de la gratitud, la observación atenta y el trabajo constante, no solo del dolor.
Además, ser un buen ser humano me importa más que ser un gran artista. No quiero que mi potencial sufrimiento infantil sea la materia prima de mi arte. Prefiero mirar atrás y sentir paz, aunque mis novelas o canciones sean sólidas pero no legendarias. La mediocridad creativa duele menos que una infancia rota.
Al final, elijo sanar antes que brillar a costa del dolor.
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