Blog 4 Luna

 No tengo una profesión relacionada con las redes sociales, no vivo de ellas ni dependo de lo que pase allí, pero aun así estoy presente. Como mucha gente, comparto opiniones, reflexiones y a veces hablo de cosas que me parecen importantes. Uno de los temas que más he defendido siempre es la belleza real. Nunca me ha convencido esa necesidad constante de retocar fotos, usar filtros o modificar el cuerpo para agradar más. Siempre me ha parecido que hay algo más honesto en mostrarse tal y como uno es.

En mi caso, además, nunca he tenido el cuerpo que suele aparecer en ese tipo de imágenes perfectas. Siempre he tenido cierto sobrepeso. Nada exagerado, pero suficiente como para no entrar en ese estándar que muchas veces se repite en redes. Y la verdad es que nunca lo he llevado mal. No he vivido con complejos ni con la sensación de tener que cambiar para encajar. Simplemente es mi cuerpo y he aprendido a estar cómodo con él.

Pero un día vas al médico y la conversación cambia. Ya no se trata de estética ni de aceptación, se trata de salud. El médico te dice que sería recomendable perder peso y te plantea dos opciones bastante claras. Una es una pastilla que funciona y que haría que el peso bajara relativamente rápido. La otra es el camino más largo, cambiar hábitos, cuidar la alimentación, hacer ejercicio y asumir que el proceso llevará tiempo y constancia.

Ahí aparece el dilema. Durante años has defendido la naturalidad y la idea de no cambiar el cuerpo solo para encajar en lo que otros esperan. Pero ahora la cuestión no es agradar a nadie, es cuidarte. La pastilla sería la solución rápida. La dieta y el ejercicio el camino más lento.

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