Lucia blog (1/6)
La tentación aparece muchas veces en el día a día, incluso en cosas pequeñas. Es ese momento en el que dudamos entre hacer lo que queremos y hacer lo que creemos correcto. Puede ser tan simple como dejar el estudio para luego, mirar el móvil cuando deberíamos concentrarnos o escoger el camino fácil en vez del más responsable.
No creo que caer en una tentación signifique ser débil. Las personas somos impulsivas por naturaleza y a veces buscamos sentirnos bien rápidamente. Además, cuando nadie nos está mirando, resistir se vuelve más complicado porque no existe el miedo a ser juzgados. En esos momentos solo cuenta nuestra propia decisión y nuestra conciencia.
También influye mucho la edad y la etapa de la vida. En la adolescencia, las tentaciones suelen estar relacionadas con la curiosidad, la presión del grupo o las ganas de experimentar cosas nuevas. Con el tiempo, estas cambian y aparecen otras preocupaciones o deseos diferentes, según las responsabilidades y experiencias de cada persona.
Resistir una tentación puede ayudarnos a crecer porque aprendemos a pensar antes de actuar y a valorar las consecuencias de nuestras decisiones. Sin embargo, equivocarse también forma parte del proceso. Los errores enseñan y ayudan a conocernos mejor. Lo importante es reflexionar después y tratar de mejorar la próxima vez.
En definitiva, la tentación no es algo extraño ni negativo por sí mismo. Es una parte natural de la vida que nos pone a prueba y nos ayuda a descubrir qué tipo de personas queremos ser.
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