Lucia (2/6)


Si vas a un sitio y te tratan fatal, lo suyo es ser sincera y contarlo. Al final, las reseñas sirven para eso, para que otros no caigan en el mismo error y para que se sepa lo que de verdad ha pasado. Si el servicio es malo, no me sale poner que ha sido una maravilla, porque no sería verdad y me gusta ser coherente con lo que vivo.


Pero claro, luego te paras a pensar y la cosa cambia. Si yo supiera que mi comentario va a hacer que echen a alguien a la calle, me sentiría fatal. Me daría muchísima pena que, por un mal día que haya tenido esa persona o por un error puntual, acabe perdiendo su trabajo. Todos somos humanos y a veces metemos la pata, y no me parece justo que una opinión mía en internet le arruine la vida a nadie. Me pesaría mucho en la conciencia, la verdad.


Además, no es que me encante ir poniendo valoraciones por ahí; de hecho, me da bastante pereza. Para que yo me siente a escribir una reseña negativa, me tiene que haber pasado algo realmente gordo o haberme sentido muy mal. La mayoría de las veces, si la experiencia no ha sido buena, simplemente decido no volver a ese sitio y ya está, paso página.

En resumen, intento buscar un equilibrio: si no puedo ser honesta sin hacer un daño excesivo, prefiero no poner nada. Ni miento diciendo que todo fue genial, ni hundo a nadie.

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