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Yo creo que es muy difícil cuando alguien te ha tratado mal, pero sabes que tu opinión puede afectar su trabajo. En ese momento, tienes dudas y te sientes un poco culpable. No quieres mentir, pero tampoco quieres que alguien tenga problemas por tu culpa.

Si alguien te ha tratado mal, lo más justo es decir la verdad. Las opiniones son para que los clientes digan cómo fue su experiencia. Si todos ponen buenas notas aunque el servicio sea malo, la empresa no sabrá que hay un problema. Entonces, nada cambiará y otras personas vivirán lo mismo.

También debemos pensar que los trabajadores son personas. Pueden tener un mal día, estar cansados o trabajar bajo mucha presión. A veces, el problema no es solo suyo, sino de la empresa: falta de personal, demasiadas normas, estrés o poco tiempo para atender bien. Por eso, es importante reflexionar antes de opinar.

No somos responsables del trabajo de otra persona. Esa responsabilidad es de la empresa y de cómo organiza todo. Nosotros solo contamos lo que hemos vivido. Decir la verdad no es ser mala persona, es ser honesto. Eso sí, podemos ser sinceros sin hacer daño innecesario. No hace falta insultar ni exagerar la situación. Podemos explicar con respeto qué pasó, qué no nos gustó y cómo nos hizo sentir. Una crítica clara y educada puede ayudar más que una mentira por pena.

En mi opinión, lo mejor es buscar un equilibrio. Ni mentir para quedar bien, ni atacar para hacer daño. Ser honesto y al mismo tiempo comprensivo. Así, la empresa puede mejorar y el trabajador puede aprender, sin que la opinión sea injusta.

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