Blog 1/6 Lander
La tentación está en todas partes y es algo normal. A veces sabes bien lo que deberías hacer, pero acabas haciendo lo opuesto. Por ejemplo, tienes que estudiar para un examen importante, pero terminas mirando vídeos o el móvil durante horas. En ese momento piensas: “bah, luego lo hago”, pero en el fondo sabes que no es buena idea. Todos somos un poco débiles ante la tentación, especialmente cuando estamos cansados, desmotivados o tenemos algo más divertido delante.
Una tentación común a nuestra edad es dejar todo para el último día. También puedes gastar dinero sin pensar, decir algo de manera impulsiva o hacer algo solo para encajar con el grupo. A menudo no lo hacemos porque sea lo correcto, sino porque queremos sentirnos aceptados o buscamos una gratificación instantánea. Luego, cuando pasa el tiempo, puede surgir el arrepentimiento. Aunque no es una sensación agradable, también te ayuda a aprender y a evitar repetir esos mismos errores.
La edad influye mucho. Con 18 años, muchas tentaciones se relacionan con salir de fiesta, probar cosas nuevas, ignorar las responsabilidades o buscar la aprobación de los demás. Estás en una etapa en la que quieres experimentar y sentirte libre. Más adelante, seguramente las tentaciones cambiarán, pero siempre habrá algo que te pondrá a prueba.
Resistir una tentación no te hace perfecto, pero sí más fuerte mentalmente. No se trata de no tener deseos, ya que eso es imposible, sino de aprender a controlarte y a pensar en las consecuencias. Al final, madurar es eso: aprender a elegir lo que te conviene a largo plazo, aunque en el momento no sea lo más divertido o fácil.
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