Blog 1/6 Esther Basauri

 Blog 1/6 

A mis 17 años, me doy cuenta de que la tentación no es algo lejano o abstracto, sino una lucha constante y muy real que libro conmigo misma. A menudo siento que mi capacidad de autocontrol es un hilo muy fino que se tensa hasta romperse, especialmente cuando entran en juego mis impulsos más inmediatos.

En lo que respecta a la discreción, a veces experimento una necesidad casi física de compartir una información confidencial. Es como si el secreto generara una presión interna que solo se alivia al verbalizarlo. En ese instante, la gratificación de conectar con otra persona a través de una confidencia pesa mucho más que el compromiso ético de guardar silencio. Es una mezcla de adrenalina y búsqueda de complicidad que nubla mi juicio, y solo después, cuando las palabras ya han salido, aparece la reflexión sobre si debería haber callado.

Con la comida, el proceso es similar. No se trata de una necesidad biológica, sino de una búsqueda de placer o de una respuesta a la ansiedad. Cuando sé que hay algo que me apetece en la cocina, mi mente entra en un bucle de justificaciones. Esta tentación es especialmente difícil de combatir cuando no hay nadie observando; en la soledad, el juicio social desaparece y solo quedo yo frente a mi deseo. Es en ese aislamiento donde mi voluntad se vuelve más vulnerable, como si la ausencia de testigos restara importancia a mi falta de disciplina.

A menudo me pregunto si resistir estas pequeñas debilidades es lo que realmente define la madurez o si nos hace "mejores". Quizás, el tipo de tentaciones que experimento ahora son propias de mi momento vital, marcadas por la impulsividad y la búsqueda de sensaciones rápidas. Reconocer que me cuesta resistirme no me hace peor, pero sí me obliga a ser consciente de mis límites. Al final, cada vez que caigo, aprendo algo nuevo sobre mis propias grietas, aunque el arrepentimiento sea un compañero inevitable al terminar el día.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Blog 1 Markel

Reseña 2/6

blog 6