Blog 6 Gabi H
Querida madre:
Si estás leyendo esto significa que estoy muerto. Me raya un poco eso, pero me veo obligado a escribirte esta carta. Estoy sentado en silencio, esperando, y no dejo de pensar en ti. En estos momentos finales, tu recuerdo es lo único que me da calma y me ayuda a no sentirme completamente solo.
Quiero que sepas que no muero con odio en el corazón. Siento tristeza, sí, y también miedo, porque la muerte nunca es fácil de aceptar. Pero estoy en paz conmigo mismo. He hecho lo que creía correcto y no me arrepiento de haber defendido mis ideas, aunque el precio sea tan alto. Ojalá el mundo fuera distinto y no existiera esta guerra que ha destrozado tantas vidas y tantas familias.
Me duele mucho no poder verte una última vez. Daría cualquier cosa por abrazarte, por escuchar tu voz y por sentir tu mano como cuando era niño. Recuerdo nuestra casa, las comidas sencillas, las conversaciones tranquilas y los pequeños momentos que antes parecían normales y ahora sé que eran muy valiosos. Guardo todos esos recuerdos conmigo y me acompañarán hasta el final.
No quiero que te sientas culpable ni que pienses que pudiste hacer algo para evitar esto. Nada de lo que ocurre es culpa tuya. La guerra es injusta y se lleva a personas que solo querían vivir en paz. Tampoco quiero que guardes rencor. El odio solo trae más dolor y no devuelve a los que se van.
Cuida de los nuestros y mantente fuerte. Diles que los quiero y que siempre pensé en ellos. Espero que algún día España pueda curar sus heridas y vivir sin miedo ni violencia. Me marcho con esa esperanza.
Gracias por tu amor, por tu esfuerzo y por todo lo que me enseñaste. Me voy siendo tu hijo, orgulloso de ti, y con tu nombre en mi pensamiento hasta el último momento. Dile a mis hermanas y a papá que les aprecio mucho y voy a estar esperándoles arriba. Un abrazo desde el cielo, con todo el cariño Gabi.
Comentarios
Publicar un comentario