Blog 5 Unai
Quedé con una amiga a la que se le había muerto el padre hacía apenas un mes.Todavía estaba en estado de shock y necesitaba hablar para no romperse desde dentro. Me contó una historia que había estado guardando y que finalmente necesitaba sacar. Su padre había cometido una muerte por atropello a un niño en la ciudad. Tras la colisión se marchó y el asunto sacudió al mundo entero.
Nadie supo quién era, pero dentro del hogar la verdad era como una losa. Ese incidente fue carcomiendo las relaciones de familia. Se hicieron el silencio, la culpa y el miedo. La muerte de su padre fue tormentosa, sufrida por la vergüenza y la paranoia. Ella cargó con ese secreto hasta el último día.
Yo quedé profundamente conmovido tras escucharla. No podría haber imaginado que algo así pudiera ocurrir en su vida o en la de su familia. Salí de esa reunión con el cerebro lleno de preguntas y sintiéndome culpable por algo que no era mía. Esa misma noche me vi con un chico que me había gustado durante mucho tiempo. Quise desconectarme, pero la historia me seguía. A la tercera cerveza, sin pensar demasiado, le terminé diciendo. No mencioné nombres ni detalles que pudieran identificar a nadie. Únicamente narré lo sucedido, intenté descargarme y repartir el peso. La noche terminó bien, nos reimos ,pero entonces no nos volvimos a ver.
Una vez más, ese chico me llamó de repente un año después. A la historia que le había contado la recordaba muy bien. Me contó que la había convertido en guion y que una plataforma quería adquirirlo. Le consideraban un millón de euros y, encima, quería darme parte del dinero. En ese instante comprendí que una exhalación se había vuelto algo irreversible. Ya la pregunta no es sólo si acepto el dinero, sino si puedo un derecho a hacerlo sin hablar antes con mi amiga.
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