Blog 5 Marco
Aceptaría el dinero, pero no sin antes hablar con mi amiga. No es que crea que tenga derecho legal sobre la historia no le pertenece en ese sentido, sino que sí tiene un derecho moral: es su dolor, su biografía, el eco de una tragedia que todavía le quema por dentro. Tomar el dinero sin decirle nada sería convertir una noche de desahogo en un negocio, y eso me pesaría.
Se lo diría con cautela, sin dramatizar sin dar tantas explicaciones. Le diría que estaba confundido aquella noche, que no pensé en consecuencias, que no di nombres ni detalles. Le diría que él la ha hecho ficción, que no hay identificación posible, y que me ha dado parte del dinero. Y, en primer lugar, le diría que lo que importa no es cuánto dinero hay, sino cuánto ella puede sentirse como ella misma en todo esto.
Y si me dijera que le dolía, que le parecía una traición, ignoraría a la plata. Incluso le sugeriría que si el proyecto avanza, un porcentaje de las ganancias se destine a una organización que trabaje por la memoria del niño, o que ayude a víctimas. No para limpiar culpas, sino para que el relato no sea solamente consumo. Pero si en cambio me dijera que lo comprende, que la historia ya no le pertenece, que inclusive le parece bien que se transforme en una forma de ayudar a otros a pensar qué significa escapar, entonces sí cogería el dinero. Porque no es todo lo que es rentable es limpio.
Comentarios
Publicar un comentario