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No sé muy bien qué hacer con esto que me ha pasado. Hace un año, una amiga muy cercana me contó algo que la estaba destrozando: su padre había atropellado a un niño en la ciudad y se había dado a la fuga. Todo aquello había arruinado su familia y marcado la muerte de su padre. Me dejó completamente tocado; nunca me habría imaginado que alguien tan cercano a mí estuviera viviendo algo tan terrible y doloroso. La forma en la que me lo contó, casi temblando, intentando liberar su angustia, me hizo darme cuenta de lo complejo y profundo que puede ser el sufrimiento de las personas a nuestro alrededor.

Esa misma noche, salí con una chica que me gusta, y después de unas cervezas, mientras me sentía todavía muy removido por lo que me había contado mi amiga, le conté la historia. No mencioné nombres ni detalles que pudieran identificar a nadie, pero necesitaba hablarlo con alguien. La noche acabó bien, nos reímos y lo pasamos bien, pero nunca volvimos a vernos después de esa salida.

Ahora, un año después, esa chica me llama y me dice que ha convertido aquella historia en un guion y que le ofrecen un millón de euros por venderlo a una plataforma. Y me ofrece darme parte del dinero. Me siento atrapado y dividido. Por un lado, es una cantidad increíble, casi inimaginable, pero por otro, es la historia de mi amiga, su dolor y la tragedia de su familia, algo que me confió en un momento de vulnerabilidad total. Aceptar el dinero sería beneficiarme de su sufrimiento, aunque no aparezca identificada, y eso me pesa mucho.

No sé si debería contarle a mi amiga lo que pasó. Por un lado, tengo que ser honesto con ella; por otro, sé que podría reabrir una herida que todavía está muy reciente y que podría hacerle mucho daño. Me siento dividido entre la tentación del dinero y la lealtad a mi amiga, entre la ética y la oportunidad. Tal vez lo más correcto sería no aceptar el dinero o, si lo hago, proponer que se destine a alguna causa relacionada con la tragedia, para no lucrarme personalmente y respetar lo que me confió.

Ahora me doy cuenta de que esto no va solo de dinero, sino de confianza, de secretos y de respeto hacia quienes nos cuentan lo más doloroso de sus vidas, y de cómo incluso un acto pequeño, como hablar con alguien de confianza, puede tener consecuencias inesperadas.

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