Blog 5 Jon
Quedé con Marta, una amiga de toda la vida. Su padre había muerto un mes antes y ella necesitaba desahogarse. Entre sollozos me contó lo que nadie sabía: su padre fue el que atropelló mortalmente a aquel niño en el centro de la ciudad y se dio a la fuga. El caso nos tuvo a todos conmocionados durante semanas, pero para ella fue devastador. Destrozó la familia, llenó la casa de silencios y reproches, y convirtió los últimos meses de su padre en un infierno de culpa y paranoia. Yo me quedé helado. Jamás lo habría imaginado de él.
Esa misma noche salí con Sara. Con la tercera cerveza ya no pude callarme más y le conté la historia, sin nombres, sin detalles que la delataran. Solo necesitaba sacármelo de dentro. La noche acabó bien, con besos y promesas, pero nunca más volvimos a vernos.
Doce meses después me llamó. “¿Te acuerdas de esa historia que me contaste? La convertí en guion. Una plataforma me ofrece un millón de euros”. Me propuso darme una parte. Me quedé mudo. Sentí náuseas, rabia, culpa… pero también vi los números. Al final acepté. Unos 120.000 euros cayeron en mi cuenta.
Lo primero que hice fue quedar con Marta. Le conté todo: la traición, el guion, el dinero. Lloró y se enfadó . Al final decidimos que ese dinero no podía quedarse conmigo ni con ella como si fuera un premio. Lo transferí entero a su cuenta y le dije que hiciera lo que quisiera con él. Al día siguiente me mandó un mensaje: “Lo doné a la asociación de víctimas de tráfico. Gracias por dármelo”.
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