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 Andoni es un alumno de 4º de ESO que está viviendo una situación muy difícil en el instituto. Algunos compañeros se meten con él de forma continua por su físico y por no formar parte del grupo más popular. La broma de la carta falsa, supuestamente escrita por Irati, no fue algo inocente ni propio del humor adolescente. Fue una acción preparada para ridiculizarlo públicamente, hacerlo sentir mal y dejarlo expuesto ante toda la clase. Este tipo de comportamientos no tienen nada de divertido, sino que constituyen un claro caso de acoso escolar que puede dejar consecuencias emocionales muy profundas.


Lo más importante que Andoni debe entender es que no es responsable de lo que está pasando. Sentir interés por una compañera, ilusionarse con una carta que parecía auténtica y atreverse a mostrar sus sentimientos demuestra valentía y sinceridad. No hay nada vergonzoso en eso. La responsabilidad recae únicamente en quienes decidieron engañarlo y burlarse de él, y son ellos quienes deberían reflexionar sobre sus actos.


Intentar soportar la situación en silencio solo empeora el sufrimiento. Por eso, lo más recomendable es que lo cuente cuanto antes a un adulto de confianza. Puede acudir a su tutor, al orientador del centro o hablar directamente con sus padres. Explicar las burlas constantes, el engaño de la carta y señalar a los responsables es fundamental. Conservar la carta como prueba también puede ser de gran ayuda. Cuando los adultos son conscientes del problema, pueden actuar con seriedad, hablar con los implicados, contactar con sus familias y tomar medidas para frenar el acoso.


Además, Andoni necesita reforzar su autoestima. Su valor no depende de la opinión de unos compañeros que se creen superiores. Es importante que recuerde que hay personas que lo aprecian tal y como es. Apoyarse en esos amigos, aunque no sean muchos, y participar en actividades que le gusten y en las que se sienta reconocido, como el deporte, la música o la tecnología, puede ayudarle a ganar confianza y a encontrar su espacio.


En cuanto a quienes acosan, el centro educativo no debe restar importancia a lo ocurrido ni justificarlo como “cosas de la edad”. Es necesario aplicar consecuencias claras, como amonestaciones, tareas educativas relacionadas con el respeto o incluso sanciones más graves si la situación lo requiere. Al mismo tiempo, es fundamental trabajar la empatía con ellos para que comprendan el daño que causan y entiendan que la crueldad no los hace más fuertes.


El profesorado también tiene un papel clave en este tipo de situaciones. Debe estar atento a las señales de acoso, intervenir a tiempo y promover un clima de respeto dentro del aula. Un instituto seguro es aquel en el que nadie tiene miedo a ser diferente y donde proteger a los más vulnerables es responsabilidad de todos. Con apoyo, intervención rápida y comprensión, Andoni puede superar esta experiencia y salir fortalecido. Tiene derecho a sentirse tranquilo y respetado en su centro educativo, igual que cualquier otro estudiante.


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