Blog 4 Gabi H
Andoni es un chico de 4º de ESO que últimamente lo está pasando mal en el instituto. Algunos compañeros se burlan de él porque está gordito y porque no forma parte del grupo de los “populares”. Aunque intenta ignorarlo, cada día le cuesta más ir a clase con tranquilidad. A veces siente que haga lo que haga, siempre habrá alguien dispuesto a reírse. Aun así, él intenta seguir adelante, estudiar y mantenerse tranquilo.
Desde hace tiempo le gusta una chica de su clase Irati, pero nunca se ha atrevido a decírselo. Tiene miedo de que los demás se rían. Por eso, cuando un día encuentra en su cajón una carta firmada por ella, su corazón se llena de ilusión. En la carta, Irati dice que quiere quedar con él para tomar algo y hablar. Andoni piensa que por fin algo bueno le está pasando. Lee la carta varias veces y siente una mezcla de alegría y nervios.
Animado, decide hablar con Irati en el recreo. Se acerca con una sonrisa tímida y le enseña la carta, esperando que ella confirme lo que ha leído. Pero la reacción de Irati no es la que él esperaba. Ella se sorprende, se pone nerviosa y le asegura que no le ha escrito nada. Andoni se queda paralizado. Y entonces oye risas. En una esquina, varios compañeros están muertos de risa, celebrando la broma cruel que le han hecho. En un instante, toda la ilusión de Andoni se rompe y se convierte en tristeza y vergüenza.
¿Qué puedo aconsejarle a Andoni? Lo primero es que no se culpe. Él actuó con sinceridad y valentía, mientras que otros actuaron con maldad. Es importante que hable con un adulto de confianza, como su tutor, un profesor o un familiar. Contar lo que ha pasado le ayudará a sentirse apoyado y a que el centro pueda tomar medidas. También sería bueno que busque apoyo en amigos que sí lo respeten. A veces basta con una sola persona que te escuche para empezar a sentirte mejor.
Andoni también debe saber que esta broma no define quién es él. Su valor no depende de la opinión de un grupo que solo busca humillar. Puede trabajar en su autoestima, hacer actividades que le gusten y rodearse de gente que lo trate bien. Con el tiempo podrá recuperar la confianza que esta situación le ha quitado.
¿Y qué hacer con los alumnos que se burlan de los más débiles? El centro debe intervenir con firmeza. No basta con regañar, hay que educar. Es importante hablar con ellos, explicarles el daño que causan y poner consecuencias claras. También sería útil que en clase se trabajen valores como el respeto, la empatía y la convivencia. Todos los alumnos deben entender que las burlas no son un juego inocente, sino una forma de violencia.
Por último, tanto Andoni como otros estudiantes tienen que saber que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía. Nadie merece ser humillado. Y todos tenemos derecho a sentirnos seguros y respetados en la escuela. Con apoyo y tiempo, Andoni podrá superar este mal momento y encontrar personas que lo valoren tal como es.
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