Estos días ha vuelto un debate que parecía superado: ¿debe enseñarse evolución o creación en la escuela pública? Las palabras de Mayor Oreja, el que fuera ministro, han llevado a que afirme que en la comunidad científica "se impone" el creacionismo, lo que ha abierto una polémica que se debe aclarar con tranquilidad. Lo primero que hay que aclarar es que aquella afirmación es falsa. La gran mayoría de científicos está de acuerdo en que la evolución explica cómo apareció la vida en la Tierra y cómo ha ido cambiando con el tiempo. La mayoría de los científicos están de acuerdo en que la evolución marca el seguimiento de como apareció la vida en la Tierra y como ha ido cambiando.
Los padres pueden educar a sus hijos tal y como lo crean importante para sus valores, pero la escuela pública debe ofrecer un conocimiento que este explicado y basado en evidencias, no en creencias. Si cada familia decidiera sobre qué ciencia enseñar, la función educativa se volvería una locura y no cumpliría su función social.
Con relación a las palabras de Mayor Oreja, además de abrir un serio debate, ayudan a generar confusión. Presentar al creacionismo como una opción científica es erróneo, ya que puede llevar a la confusión a quien aún no conozca el tema. La ciencia no opera por opiniones, sino por pruebas.
Entonces, quien defiende la alternativa de la creación como explicación de la procedencia humana tiene el derecho de defenderlo así, aunque su defensa no fuese lógica, pero no tiene derecho a pronunciarlo como teoría científica ni a necesitar que esta alternativa cambie y haga dudar los conocimientos académicos que tengan un estudio contrastado. El creacionismo es un ámbito de la fe al que puede recurrirse, y la teoría de la evolución, en cambio, es un ámbito del conocimiento científico.
En una sociedad plural, ambas visiones pueden convivir, pero no por ello deben confundirse. La escuela pública debe enseñar ciencia, mientras que las familias pueden educar en casa o en espacios religiosos. De esta forma se protege la libertad de uno y el rigor educativo de otro.
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