Blog Eva Llaguno

Hace poco fui a comer a casa de un amigo. Tenemos diferentes ideas políticas,  él es más conservador y yo soy de izquierdas, pero esto nunca había sido un problema. Sin embargo, en los últimos años estaba teniendo comportamientos radicales y procurabámos no hablar de política. Durante la comida, todo iba normal hasta que de repente, su hijo adolescente dijo: “al presidente habría que pegarle dos tiros”.


Me quedé paralizada. No solo por lo que había dicho el hijo, sino por la reacción de mi amigo.  En vez de corregirle, parecía que estaba orgulloso de él. A partir de ahí, la cena fue muy incómoda. Yo estaba esperando que le dijese que lo que acababa de decir era inadmisible.


Yo le dije que lo que había dicho me parecía una barbaridad y que hay que respetar a las personas y a las instituciones. Si no está de acuerdo con ese presidente deberá de votar al que crea más conveniente, pero la violencia nunca puede ser la solución. 


Una cosa es que pensemos diferente en y otra muy diferente, es desearle a alguien la muerte. Eso ya no es cosa de política, sino de educación. Puedes estar en contra del gobierno pero esas ideas van en contra de la democracia y de la convivencia y eso son límites que no pueden transpasarse.


Desgraciadamente esto no es solo la opinión del chaval, sino que es un reflejo de lo que oyen en las redes sociales, en la calle y a muchos políticos de extrema derecha. Esto es muy preocupante ya que no ayudan a la convivencia, todo lo contrario, contribuyen a crear odio y crispación.

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