Blog 2 Jon Iturriaga

 En la comida del otro día, donde íbamos varios amigos con nuestros hijos, ocurrió algo que todavía me ronda la cabeza. Siempre he tenido una amistad muy sana con uno de ellos pese a que él es claramente de derechas y yo de izquierdas. Nunca ha sido un problema: hablábamos, debatíamos, incluso nos reíamos de nuestras diferencias. Pero esta vez vino con su hijo que tiene unos 17 años. En un momento, salió el tema del presidente Pedro Sánchez, y casi sin pensarlo, el chico soltó: *“A Pedro Sánchez habría que pegarle dos tiros.”*


El comentario me dejó sorprendido, y no porque me sorprendiera una crítica, sino por la facilidad con la que un chaval lanza una frase así. Miré a su padre esperando que le llamara la atención, que al menos dijera que ese tipo de comentarios no son aceptables. Pero no dijo nada. 


Al recordar la escena, me doy cuenta de lo importante que es marcar límites, incluso entre amigos que se respetan aunque piensen distinto. La convivencia no se sostiene sola: hay que cuidarla. Yo, en su lugar, habría frenado el comentario, no para humillar al chaval, sino para dejar claro que el desacuerdo político no justifica desear daño a nadie.


Si tuviera que darle un final a esta historia, hablaría con mi amigo después, y le recordaría que nuestras diferencias nunca han sido un problema, pero que normalizar expresiones de violencia sí puede serlo. Porque al final, lo que más dice de nosotros no es lo que pensamos, sino cómo reaccionamos cuando alguien cruza una línea.


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