Blog 1 Gabi H
En mi comunidad de vecinos hemos vuelto a tener el mismo problema de siempre: los grafitis. Hace un mes apareció la puerta del garaje llena de pintadas y, en la última junta, se decidió gastar 2500 euros para volver a dejarla como estaba. Lo peor es que no es la primera vez que pasa, porque el año pasado tuvimos que hacer exactamente lo mismo. Esto ha hecho que volvamos a discutir si los grafitis son realmente una forma de arte o si, como ocurre en nuestro caso, se trata simplemente de actos de vandalismo.
Yo creo que los grafitis pueden ser arte cuando se hacen con permiso y en espacios pensados para ello, como muros destinados a expresiones urbanas o proyectos organizados por los ayuntamientos. Hay grafiteros que son auténticos artistas y que transmiten mensajes potentes. El problema aparece cuando alguien decide pintar sobre una propiedad privada sin pedir permiso, porque ahí deja de ser arte para convertirse en una invasión del espacio de otros.
Cuando alguien actúa así, no solo genera un gasto económico, sino también una sensación de falta de respeto. En una comunidad como la mía, lo mínimo es que podamos usar nuestras instalaciones sin tener que pagar todos los años por las consecuencias de las acciones de unos pocos. Creo que, en estos casos, lo correcto sería denunciarlo para que quede constancia y, si es posible, revisar cámaras o pedir más vigilancia en la zona.
Si yo tuviera que decidir cómo actuar en mi comunidad, intentaría combinar prevención y diálogo. Por un lado, colocaría mejor iluminación o cámaras para evitar que vuelva a pasar. Y por otro, hablaría con el ayuntamiento para ver si existe algún espacio cercano destinado a grafitis legales. Así se podría canalizar la creatividad sin perjudicar a nadie. De esa forma, respetamos el arte urbano pero también nuestra propia propiedad.
En definitiva, aunque los grafitis pueden llegar a ser expresiones artísticas muy valiosas, creo que es fundamental que se realicen en lugares adecuados y con permiso. La convivencia depende de que entendamos que nuestros actos tienen consecuencias y que la libertad creativa no puede justificar dañar o invadir el espacio de otros. Solo así podremos evitar conflictos y mantener un equilibrio entre el arte y el respeto a la comunidad.
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