Blog 6 Paola

 El día que mi vecina murió fue uno de los más raros de mi vida. Era una mujer muy buena conmigo, siempre amable, siempre con ganas de hablar. La veía como una abuela cercana, alguien que te hace sentir bien. Por eso me impresionó tanto verla caer al suelo en el ascensor y no poder hacer nada para ayudarla.

Después de todo el caos, encontré su bolsa. Era muy pesada y dentro había un montón de billetes y una carta. En la carta decía que quería donar todo su dinero a un partido político de ultraderecha, que no creía en el cambio climático ni en la igualdad entre hombres y mujeres. Me quedé sin palabras. No podía creer que una persona tan simpática pensara así.

Durante horas estuve pensando qué hacer. Si cumplía su última voluntad, el dinero acabaría en manos de gente que promueve el odio. Pero si no lo hacía, estaría rompiendo su confianza. Además, quedarme el dinero tampoco me parecía bien, porque no era mío. Era un dilema muy difícil.

En mi cabeza había dos voces: una me decía que hiciera lo que ella pidió, y otra me decía que no podía permitir que ese dinero se usara para algo tan injusto. Me dolía tomar una decisión, pero sabía que tenía que hacerlo con el corazón.

Finalmente decidí que no podía cumplir su voluntad. No sería capaz de vivir sabiendo que ayudé a difundir ideas que hacen daño a otras personas. Pero tampoco quería quedarme con el dinero, porque eso también sería incorrecto. Así que pensé que lo mejor sería donarlo a organizaciones que defienden los derechos humanos, el medio ambiente y la igualdad.

Creo que esa sería la forma más justa de actuar. Transformar algo negativo en algo positivo. Tal vez ella no estaría de acuerdo, pero yo sentiría que hice lo correcto.

A veces, la vida te pone en situaciones donde no hay una respuesta perfecta, y solo puedes seguir lo que te dice la conciencia. Yo prefiero equivocarme haciendo el bien, que tener la razón ayudando al mal.

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