Blog 6 Luna
No sabía muy bien cómo reaccionar. Por un lado, sentía cariño y respeto por ella, y quería honrar lo que siempre había sido su voluntad. Por otro, el hecho de que quisiera donar el dinero a algo con lo que no estoy de acuerdo me hacía sentir incómoda. No se trataba solo de la ideología, sino de que ayudar a esa causa me parecería, en el fondo algo incorrecto.
Pensé en lo tentador que era el dinero, especialmente con todo lo que necesitaba para el piso que acabamos de comprar y la mudanza. No voy a mentir, fue difícil no imaginarme usándolo para cosas urgentes. Pero pensándolo entendí que apropiármelo sería injusto y, además es ilegal. Tener en mis manos tanto dinero no cambiaba lo que consideraba correcto.
Me di cuenta de que respetar a alguien no siempre significa cumplir al pie de la letra todo lo que quiere. La quería y la admiraba, pero respetarla también podía significar actuar con ética y responsabilidad, incluso si eso iba en contra de sus deseos.
Al final, lo más sensato era dejar que la policía se hiciera cargo, informando que llevaba ese dinero y nada más. Así me aseguraba de no hacer daño, de no violar la ley y de mantener la coherencia con mis principios.
Reflexionando, comprendí que la ética muchas veces implica tomar decisiones difíciles. Honrar a alguien no es solo seguir sus instrucciones, sino equilibrar el cariño y la admiración con lo que uno cree justo. Esa experiencia me enseñó que incluso en momentos complicados, es posible actuar de manera responsable y respetuosa, sin perder de vista lo que realmente está bien.
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