Blog 5 - Haizea Calvo Cuesta
Mi madre es de un pequeño pueblo de Burgos llamado Villadiego. Mi padre, aunque era de Bilbao, veraneaba allí desde pequeño. Fue en ese pueblo donde se conocieron y acabaron casándose. Ahora viven allí mis abuelos, tanto por parte de mi madre como por parte de mi padre. Desde que era pequeña, hemos ido muchos fines de semana y en vacaciones, aunque últimamente vayamos un poco menos.
El viaje al pueblo siempre tenía algo especial. En un punto del camino dejaba de haber cobertura y la radio dejaba de funcionar. En ese momento, cuando yo era pequeña, siempre poníamos un disco de mi padre de Céline Dion. A mí no me gustaba demasiado, pero había una canción que era distinta: la número catorce, “I’m Alive”. Esa canción me encantaba. Me transmitía alegría y energía, y aunque casi siempre iba dormida durante el viaje, cuando empezaba a sonar mi padre o mi hermano me despertaban para escucharla juntos.
Con el tiempo, “I’m Alive” se ha convertido en una canción muy importante para mí. Cada vez que la escucho me transporta automáticamente a mi pueblo y a todos los recuerdos que guardo de allí. Me recuerda a momentos felices como mi comunión, la de mi hermano, las navidades en casa de mis abuelos, o los veranos cuando iba corriendo a ver a mis amigas nada más llegar. También me hace pensar en las comidas familiares, en el olor a comida de mi amama y en los paseos por las calles del pueblo.
Sin embargo, no solo me trae recuerdos alegres. También me hace revivir momentos más tristes, como cuando perdí a mi amama, pero de una manera bonita, porque me recuerda todo el cariño y los buenos momentos que compartimos.
En definitiva, esta canción significa mucho para mí porque me conecta con mis raíces, con las personas que más quiero y con uno de mis lugares favoritos en el mundo. “I’m Alive” no es solo una canción: es un trocito de mi infancia y de mi vida en Villadiego.
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